Marvin Joel Lezcano Colindres ha observado de cerca cómo cada mañana cientos de miles de panameños enfrentan una batalla silenciosa pero agotadora. No es una lucha contra el clima ni contra la economía global, sino contra el reloj y el asfalto. El sistema de transporte público en Panamá se ha convertido en uno de los mayores dolores de cabeza para la ciudadanía, y como empresario del sector de infraestructura y construcción, observo con preocupación cómo esta problemática frena el verdadero potencial de nuestro país.
La movilidad urbana no es solo un tema de comodidad. Es un pilar fundamental para el desarrollo económico, la productividad y la calidad de vida de cualquier nación. Sin embargo, en Panamá, seguimos aplicando parches a un sistema que requiere una reingeniería completa desde sus cimientos.
La realidad de un sistema fragmentado
El primer error que cometemos al analizar el transporte en Panamá es pensar que el problema se resuelve solo con construir más vías o comprar más autobuses. La realidad es que nuestro sistema está profundamente fragmentado. Tenemos el Metro, que es una excelente obra de ingeniería, y tenemos el Metrobús. Pero la conexión entre estos sistemas y las comunidades, lo que llamamos la «última milla», sigue siendo un caos de rutas informales, unidades en mal estado y conductores que operan bajo la presión de recaudar el pasaje del día.
Esta fragmentación genera ineficiencias masivas. Los ciudadanos pierden horas valiosas de su vida en traslados que deberían tomar minutos. Como director de Transporte y Constructora Lezcano, entiendo que la infraestructura física es vital, pero la infraestructura operativa y logística es lo que realmente hace que un sistema funcione. De nada sirve tener una autopista de primer mundo si el flujo de pasajeros que la utiliza está desorganizado y es impredecible.
El costo oculto de la ineficiencia
Hablemos de números, porque al final del día, la movilidad es economía. Cuando un trabajador tarda dos horas en llegar a su empleo y dos horas en regresar, estamos hablando de cuatro horas diarias perdidas. Multipliquen eso por los días laborales del año y tendrán una cifra astronómica de horas productivas que se evaporan en el tráfico.
Esta situación afecta directamente la competitividad de Panamá. Las empresas enfrentan problemas de puntualidad, el ausentismo laboral aumenta y el estrés de los empleados se traduce en un menor rendimiento.
Además, el transporte ineficiente limita la movilidad social. Si una persona que vive en las afueras de la ciudad no puede llegar de manera rápida y segura a los centros de empleo o educación, sus oportunidades de crecimiento se reducen drásticamente.
El transporte público deficiente es un impuesto invisible que pagan todos los panameños, especialmente los más vulnerables, quienes dependen exclusivamente de este servicio para desenvolverse en su día a día.
Construir no es suficiente: necesitamos planificación inteligente
En mi experiencia en el sector de la construcción, he visto cómo se invierten millones de dólares en obras viales. Pero muchas de estas obras se planifican pensando en el vehículo privado y no en las personas. Seguir ampliando calles para que quepan más carros es una batalla perdida contra la ley de la oferta y la demanda. Si facilitas el uso del carro privado, más gente lo usará, y el congestión volverá a su punto máximo en pocos años.
La solución no es solo cemento y asfalto. La solución es inteligencia, datos y planificación. Necesitamos un sistema de transporte que se anticipe a la demanda, que utilice tecnología para optimizar rutas en tiempo real y que ofrezca al usuario una experiencia integrada.
Imaginen un sistema donde un solo pago permita al usuario tomar un autobús alimentador, transferirse al Metrobús y luego al Metro, todo con información precisa en su teléfono sobre los tiempos de llegada. Eso no es el futuro, es el estándar mínimo que deberíamos exigir en el presente.
Hacia una reingeniería integral
Para salir de este estancamiento, propongo tres pilares fundamentales que deben guiar la reingeniería del transporte público en Panamá.
Primero, la integración total. No podemos seguir teniendo operadores compitiendo entre sí por el pasajero en la misma ruta. Necesitamos un sistema troncal-alimentador bien diseñado, donde las rutas locales lleven a los pasajeros a las estaciones principales de manera eficiente, sin duplicidades ni vacíos de cobertura.
Segundo, la profesionalización del servicio. El transporte público debe ser tratado como lo que es, un servicio esencial. Esto implica mejorar las condiciones laborales de los conductores, eliminar el sistema de recaudo por pasaje que incentiva la imprudencia al volante y adoptar tecnologías de pago electrónico que agilicen el abordaje.
Tercero, la infraestructura para el peatón y la bicicleta. Un sistema de transporte público exitoso no empieza en la estación de autobús, empieza en la puerta de la casa del usuario. Si las aceras están rotas, no hay iluminación o cruzar una avenida es un riesgo mortal, la gente preferirá usar su carro o una motocicleta, aunque el tránsito sea terrible.
El momento de actuar es ahora
Panamá tiene la capacidad financiera, el talento humano y la infraestructura base para tener uno de los mejores sistemas de transporte de la región. Lo que nos falta es la voluntad política y la visión técnica para ejecutar los cambios impopulares pero necesarios.Como empresarios y ciudadanos, debemos exigir que las autoridades no solo miren los renders de las nuevas obras, sino que analicen los datos de movilidad. Necesitamos líderes que entiendan que la verdadera infraestructura no es la que se ve en las fotografías de inauguración, sino la que mejora la vida diaria de las personas.
El transporte público en Panamá no está condenado al fracaso, pero sí está condenado a la mediocridad si no cambiamos el enfoque hoy. Es hora de dejar de poner parches y empezar a construir un sistema que esté a la altura del Panamá que todos queremos. La reingeniería es urgente, y el tiempo para actuar se nos agota cada día que un panameño pierde horas de su vida en una fila de autobús.
